«¿Por qué me gusta tanto y tanto el vino?» ¿Alguna vez te has hecho esta pregunta? Tanto si has obtenido una respuesta satisfactoria como si no… ¡Sé bienvenido a nuestro club!
Sí es cierto: con el vino, sucede igual que con todas las cosas. Genera a su alrededor un mundo de pasiones, afición, partidarios, gente indiferente e incluso alguna reserva (pero, ¿existen realmente los detractores del vino?).
Dejaremos de lado los efectos del alcohol, que no son específicos del vino y de todo lo que le rodea… En el post de hoy encontraréis respuestas algo más profundas: ¡iremos un poco más allá! Seguro que una vez lo hayáis leído entenderéis un poco más todo lo que sentimos cuando nos situamos ante una copa de vino. ¿Os apuntáis a descubrirlo? ¡Vámonos!
Sin vino la comida no sería el mismo
¿No puede concebir sentarse a la mesa sin un poco de vino? ¡Es lógico! El vino nos hace salivar, y que las comidas tenga mejor sabor todavía.
Si el maridaje es adecuado, el sabor del vino y la comida se potencian mutuamente de una forma increíble. Si además hay invitados está claro que el vino se convertirá en uno de nuestros aliados principales.
Es una micro-máquina del tiempo
Los vinos de calidad, los que están bien hechos, tienen esta maravillosa virtud de transportarnos hasta el momento y el lugar donde se elaboraron. Incluso alguien que está iniciándose puede apreciar e identificar rápidamente algunos rasgos diferenciales que nos hablan del vino. La Denominación de Origen, las variedades de uva, el tiempo que ha envejecido… son sólo algunas de las características principales que podremos ir «capturando» a medida que vamos avanzando en la cata.
El vino es uno de los pocos productos que dibuja a la perfección su entorno agrícola. Sí lo habéis acertado, Estamos hablando de lo que muchos llaman el «terroir».
Por supuesto, no todos los vinos tienen esta capacidad. Para muchos es una de las principales características a tener en cuenta a la hora de distinguir un buen vino de un gran vino.
A través de nuestros recuerdos nuestro vino favorito puede incluso asociarse a un determinado momento, un lugar o una vivencia.
No hay duda: el vino nos ayuda a tejer nuestras experiencias vitales.
Tu abuelo ya amaba el vino
Aunque no hayas nacido entre viñedos seguro que tus experiencias con el vino se remontan atrás.
Muchos hemos visto desde siempre el porrón sobre la mesa de casa o en casa de los abuelos. Hemos crecido con el vino y el cava presente en todas las celebraciones. ¿Quién no recuerda con cierta nostalgia el primer día en que le dejaron probar un sorbo de aquella bebida un tanto misteriosa?
Quizás incluso, si os habéis criado en el campo, habéis convivido con cierta normalidad con la costumbre que tenían muchos abuelos y abuelas de «bautizar» el vaso de agua con unas gotitas de vino. ¡Y es que ya se sabe, que «el vino hace la sangre»!
Moderadamente saludable
De acuerdo, tomar una copa de vino no es como ir una hora al gimnasio! No obstante se ha demostrado que el vino tiene numerosos beneficios cuando las cantidades que ingerimos son las indicadas. Algunos estudios a largo plazo han demostrado que los consumidores de vino que practican este «arte de la moderación» tienen las tasas de mortalidad más bajas. ¿Aún necesitáis más argumentos para amar el vino?
Millones de aromas y sabores por descubrir
¿Vuestro paladar siente una curiosidad inagotable? ¡Bienvenidos al mundo del vino! Si saboreáis una copa de mosto, os daréis cuenta de que no tiene exactamente sabor de vino. Durante el proceso de elaboración suceden muchas cosas: fermentaciones, aparición de nuevos compuestos aromáticos, evoluciones, envejecimiento… Hay cientos de cosas que acontecen en el vino antes de llegar a la copa.
A través de la experiencia de la cata, probando de todo… no sólo mejoraremos nuestra capacidad para identificar los vinos, sino que también mejorará nuestro paladar en general.
Bebiendo vino amas la tierra
Beber vino también es una forma de amar y sentir el territorio. Detrás del producto final hay familias enteras viviendo de ello. En muchos casos estos vinos reflejan el buen trabajo de estos agricultores, su estilo de vida tan ligado positivamente a la tierra como a una forma de hacer y de sentir.
Sabes cuándo empieza pero nunca donde termina
¿Podéis imaginar un gran Iceberg flotando en medio del ártico? Seguramente nunca llegaríamos a hacernos a la idea del sus dimensiones reales. Pues sucede lo mismo con el vino.
Es curioso ver la humildad con que muchos reputados enólogos y sommeliers admiten, «aún no saber nada» sobre el vino. Y es que una copa de vino es sólo la punta visible de este gran iceberg flotante.
Detrás de una copa hay un mundo inalcanzable lleno de ciencia, de arte, emociones personas, gastronomía, lugares, historias de vida… Cada botella es una oportunidad para profundizar en una historia y tradición cultural. ¡Si no queréis dejar nunca de aprender, empezad ya a beber vino!
Comments are closed.